Así como quien no quiere la cosa me acabo de inventar una palabreja para definir algo que llevo tiempo con ganas de hacer: reseñaros brevemente libros que luego han pasado a la pantalla. Y estrenamos sección con una obra literario-fílmica de lo mejorcito: Nunca me abandones. A pesar del título algo ñoño, no os engañéis, esta novela y película no tienen nada de fácil ni cursi.

Impresionada estoy con la novela como hacía tiempo que no me pasaba con alguna. Impresionada por dos motivos: por su calidad literaria, con esas idas y venidas en el texto que demuestran que estamos ante un gran escritor y por su magnetismo. Su discurso narrativo tiene algo que te hace pegar los ojos a la hoja impresa. Me ha recordado a la sensación que tengo leyendo a Murakami y no sé si será por la procedencia japonesa de los autores, aunque Kazuo Ishiguro lleve casi toda la vida en Inglaterra. En cualquier caso, la historia tiene ese algo, una sutil incógnita y misterio cotidiano que te hace avanzar, pero al mismo tiempo detenerte a degustar los sentimientos, la melancolía de la historia y de los personajes, con quienes nos podemos sentir identificados.

No quiero explicaros demasiado la historia, es mejor llegar virgen al libro y/o a la película –de hecho, por eso no pongo el trailer- y dejarse sorprender por esta gran metáfora vital y social que plantea. Porque la película, sin ser tan excepcional como el libro, también resulta interesante. Más centrada en la historia de amor y no en el proceso de maduración de los personajes, se nos plantea más dura, más feroz en sus argumentos, desvelados casi desde el inicio. En la obra fílmica la gran metáfora social toma una enorme magnitud, mientras que en el libro la vas palpando y haciendo consciente poco a poco. Por esa razón, la película es infinitamente más triste que el libro, a mi parecer.

En cualquier caso, el libro y la película –ésta en menor profundidad – hablan del paso del tiempo, de la amistad, del amor, del crecer y madurar.Cuando uno acaba de leer o ver la película, puede tener dos sensaciones: de pesimismo y nostalgia dolorosa o bien de determinación, de voluntad y rebelión para aprovechar el instante y seguir el propio impulso. Yo, hoy por hoy, prefiero quedarme con la última opción.